Salgo de un casting. Sé que no me van a coger. Principalmente porque no lo llego a hacer, ya que no me da tiempo. Me espera Nuria.
Me dirijo al centro de la capital. De camino veo una panadería. Tengo hambre. Entro. Una pareja intenta dejarme sin opción de elección. La panadera no sonríe. Yo sí. Hoy voy a ver teatro. Me espera Nuria.
Llego a las cercanías del principal. Me llaman por teléfono. Veo a lo lejos a mi profesora de inglés. Postergo la conversación de teléfono. Saludo a mi profesora. Ve que vengo solo. No me cuesta decir “Es muy difícil engañar a alguien para venir a ver un clásico”. Nos despedimos. Sonreímos. A los dos nos espera Nuria.
Me siento. Estoy en la última fila. Es lo que tiene comprar las entradas tres días antes de la función. Hago Chek-in en el Teatro Principal, estoy de enhorabuena me hacen Mayor. Sonrió. Soy el Mayor del teatro principal.
Las luces se apagan. Suena un móvil. Me doy cuenta que estoy delante del técnico de iluminación, y que la lámpara que utiliza para iluminar su mesa de trabajo me va a fastidiar toda la obra. Sonrío. Estoy en el teatro.
La obra comienza, al principio no me entero muy bien de la trama. Me exijo más concentración. Me reprocho la manía que tengo de no leerme los textos antes de ver las funciones.
El resto fue una Nuria durante 90 minutos sin parar. Tiene que disfrutar mucho. Ella sola. Sin nadie en el escenario. Con un equipo técnico impresionante. No hay fallos. No hay sorpresas. No hay improvisaciones. Todo es, simplemente, perfecto.
Suena un móvil, todo el mundo quiere matar a su dueño o dueña por miserable. El técnico le hace una seña a Nuria, intentando trasmitirle que prosiga tranquila. El equipo técnico y la actriz están muy unidos. Nadie se da cuenta de esto. Solo yo. Es lo que tiene estar sentado casi en la mesa del técnico de iluminación.
Violan a Lucrecia. Lucrecia espera a su marido. Lucrecia se suicida. La obra termina. Se apaga la luz. En el escenario ya no está Lucrecia, ni su marido, ni ningún personaje de los tantos que acaba de interpretar Nuria. Pero Nuria tampoco está. Está la transición.
Transición que solamente ocurre en el teatro clásico, cuando el personaje va saliendo tan lentamente de la actriz. El Principal entero se levanta a aplaudir. La transición entra y sale dos veces. Los aplausos siguen. Por fin comienza a aparecer Nuria. Sonríe, da las gracias. Los aplausos siguen.
Salgo del teatro.
Encantado Nuria.
