Hizo ayer una semana

Hizo ayer una semana desde que me ocurrió algo muy extraño. Podría decir que necesario, podría decir que comprensible. 

Caminaba por la calle dirección a ningún lugar cruzándome con gente que ni quería conocía. Cuando a la altura de un portal de grandes azulejos verdes un niño de unos 10 años me saludo. No me llamo por mi nombre, aunque lo intentó. 

No sé que luz vi en aquel chaval, que comenzó a contarme su vida, que olvidé lo que tenía que hacer y me senté en el bordillo a escucharle. Me hablo con total sinceridad: de lo que quería ser de mayor, de su relación con los demás, de cuantos sobresalientes le iban a poner, incluso hizo alarde de haberse equivocado dos veces en su vida. 

Si tu supieras cuantas te quedan… – Pensé yo. 

De repente se levanto el camal del pantalón hasta dejar descubierta la rodilla izquierda y me enseño una herida que le había cicatrizado pero le había dejado marca. 

Entonces, me pregunto si se le quitaría.

 Yo repetí el mismo gesto que él, y le enseñe mi rodilla izquierda, y le contesté que no.

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