A las contestaciones impertinentes
Agarrado a un paraguas me encontraba cuando me llovieron tus palabras…
No sabía si estaba seco o mojado, cual de los dos golpes me dolía más. Y cuando más ganas tenía de no ser yo…
Recordé por la mañana unos minutos del programa de Isabel Gemio sobre la asertividad:
No merece la pena discutir con alguien que no te va a escuchar en ese momento.
Por eso esta noche, siempre supe que es mejor, cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo.