La joven
Nacho levantó la cabeza y vio entrar a una chica fea.
Nacho se dio cuenta, que a la pobrecita, le daba vergüenza algo, algo que nadie sabía. Ella no paraba de mirar a todos los lados de la cafetería. Hasta que se dio cuenta que estaba sola.
Nacho sin embargo intento relajarla, tranquilizarla. Pero los ojos de la joven parecían estrellas fugaces, incapaces de brillar.
Nacho le dijo: No tienes porque avergonzarte.
Nacho escucho: No tienes de que preocuparte.