Un millón de años antes de que aparecieras, tal vez pude conocer a alguien como tú. Pero alguien que no supo saltar, al menos sin mirar, a este abismo de la distancia.
Después de habernos visto miles de veces en estas dos conversaciones, me pregunto que ha sido de mí. No te sabría decir si estas hablando conmigo, o soy un simple espectador entre tu y alguien que usurpa mi identidad.
Y me encantaría que siguieras sumando horas de búsqueda y captura en tu cama, de esas tantas veces en las que nunca hemos quedado. No puedo seguir negando algo que no paso, ni en tu habitación, ni en mi propia destrucción.
No quiero más frio que el que me puede dar la espera de tu llamada en este mes de Enero. No sabría decirte que es lo peor de que nadie este. Si es peor que no estés tú o no este yo. O que a la vez estemos dos.
Solo quise volar, salir, escapar, no sé muy bien como definir estas ganas de huir de una realidad que no me pertenece. En la que me intento camuflar como animal en peligro de extinción. ¿Y que quieres que haga cuando me encuentro con alguien como tu? Alguien como yo.
No desharé la maleta, y seguiré esperando en la orilla de nuestro rio. No necesitas más que saber nadar a contracorriente, ¿Fácil, no? Vuelve, hazlo por mí, lo necesito. O mejor aún, hazlo por ti, ahí afuera no encontrarás nada mejor. Todo se pudre.
