Ayer mi iPod me lanzo un tema contra el cuello. Con los ojos bien abiertos escuché:
La mano en el fuego / así te sigo el juego / me quemo siempre por ti / he renunciado al cielo / me arrastro por el suelo.
Miré a ese aparato que cuando lo pones con la dichosa “reproducción aleatoria” siempre te hace alguna putada. Ahora me mira sonriente diciéndome: “Te has vuelto a equivocar poniendo la mano en el fuego”
A punto de cumplir los 25 años me hace gracia repasar las veces que he puesto mi mano en el fuego por apoyar a una persona, y las veces que me he quemado.
Lo más gracioso, es lo ingenuo que puedo llegar a ser, que encima siempre pienso que esa persona nunca me fallaría.
La mano en el fuego / y ya veremos luego / no lo hago solo por mi / y no me voy a arrepentir.
Pero no me voy a cansar de equivocarme, de apoyar a la gente que piense que tiene razón (porque tú la llevabas), aunque luego me vuelvan a decepcionar. Por lo menos yo seguiré siendo yo. Y no seré las ruinas que dejan los años que pasan, por mucho que algunos llamen madurez.
